
El 2026 ha comenzado bajo una arquitectura internacional notablemente más tensa. En su informe de Perspectivas de la Economía Mundial del presente mes de abril, el Fondo Monetario Internacional proyecta un crecimiento global de 3.1% para este año, condicionado al supuesto de que el conflicto en Oriente Medio mantenga un alcance limitado. El organismo advierte que los riesgos están claramente sesgados a la baja: una escalada prolongada, una mayor fragmentación geopolítica o nuevas tensiones comerciales podrían debilitar significativamente la actividad y desestabilizar los mercados financieros.
Tres vectores concentran el riesgo del momento: las tensiones en el Estrecho de Ormuz y su efecto sobre los precios del petróleo, la prolongación de la guerra en Ucrania y la nueva ola arancelaria estadounidense, que mantiene elevada la incertidumbre comercial global. Para América Latina y el Caribe, tanto el FMI como el Banco Mundial proyectan un crecimiento moderado en torno a 2.3% en 2026, en un entorno de demanda interna débil y elevada exposición a shocks externos.
En este contexto, la República Dominicana muestra una resiliencia destacable. El Banco Central proyecta una expansión de entre 3.5% y 4.0% al cierre del año, mientras que el FMI estima 3.7%, ambos por encima del promedio regional. La inflación interanual se ubicó en 4.63% en marzo 2026 manteniéndose dentro del rango meta de 4.0% ± 1.0% por 35 meses consecutivos. A esto se suma la apreciación cercana al 5% del peso desde finales de 2025, sostenida por el dinamismo de la inversión extranjera directa —que cerró 2025 en US$5,032.8 millones—, el turismo, las zonas francas y las remesas.
Para el sector financiero dominicano el escenario plantea oportunidades y cautelas en igual medida. La estabilidad macroeconómica ha permitido un proceso gradual de normalización monetaria, con condiciones de liquidez más holgadas y una expansión del crédito privado en moneda nacional cercana al 9% interanual. No obstante, la volatilidad de los precios internacionales de la energía, la posible postergación de los recortes de tasas de la Reserva Federal y la fragilidad del entorno regional invitan a mantener una gestión prudente del riesgo, fortalecer las reservas de capital y preservar la solidez de los indicadores prudenciales que han caracterizado al sistema en los últimos años.