Artículo: IA y humanidad en América Latina y el Caribe: una nueva cuestión social

Por Enrique Zapata, Gerencia de Transformación Digital de CAF

En las últimas semanas han emergido dos contribuciones relevantes para el debate global sobre inteligencia artificial y sus implicaciones sociales, políticas y humanas. 

La primera es la encíclica Magnifica Humanitas, del Papa León XIV, sobre la custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial. La segunda es el blog de Anthropic, When AI Builds Itself, donde la empresa describe cómo sus modelos, en particular Claude, ya están siendo utilizados para acelerar el desarrollo de nuevos sistemas de IA. 

Una proviene de una reflexión moral, social y política. La otra surge desde el núcleo de la industria tecnológica. Leídas en conjunto, plantean una misma pregunta de fondo: qué significa seguir siendo humanos en un mundo donde la inteligencia artificial no solo asiste nuestras tareas, sino que empieza a reorganizar el trabajo, el conocimiento, la toma de decisiones y la convivencia social. 

La IA ya no puede entenderse únicamente como una herramienta de productividad. Es una tecnología estructural que está reconfigurando el poder, la economía, la producción de verdad pública y las formas de organización social. Para América Latina y el Caribe, este cambio no es abstracto: toca directamente las condiciones de desarrollo, desigualdad y capacidades institucionales de la región. 

Desde esa perspectiva, CAF tiene un rol clave en contribuir a una agenda regional de inteligencia artificial que no sea meramente reactiva, sino propositiva y orientada al desarrollo. Esto implica fortalecer capacidades digitales críticas como datos, talento, cómputo e infraestructura pública; apoyar marcos regulatorios y entornos de prueba que permitan innovar con responsabilidad; robustecer instituciones públicas capaces de supervisar y utilizar la IA; y promover aplicaciones concretas en sectores como salud, educación, justicia, productividad y acción climática. 

En esa línea, los días 25 y 26 de junio, CAF junto con UNESCO y el Gobierno de la República Dominicana, celebrarán la Tercera Cumbre Ministerial y de Altas Autoridades de Inteligencia Artificial de América Latina y el Caribe. Este espacio busca avanzar hacia una gobernanza regional centrada en capacidades, derechos y desarrollo. 

Como antesala a esa discusión, esta serie de artículos explora los principales desafíos de la inteligencia artificial desde una perspectiva regional, tomando como punto de partida las ideas de la encíclica y del artículo de Antrophic. En esta primera entrega, la pregunta central es cómo entender la IA como una nueva cuestión social. 

La encíclica propone la idea de que la inteligencia artificial constituye una nueva “cuestión social”, comparable en su impacto histórico a la cuestión obrera surgida con la Revolución Industrial. No es un texto técnico, sino una lectura ética y política de la sociedad digital contemporánea. Su advertencia central es que la IA puede ampliar las capacidades humanas, pero también profundizar dinámicas de dominación si no se orienta al bien común, la dignidad humana y la justicia social. 

Desde esa mirada, retoma principios clásicos de la doctrina social —dignidad humana, bien común, solidaridad, subsidiariedad y desarrollo humano integral— y los proyecta al debate tecnológico actual. 

Uno de sus aportes más relevantes es la crítica al llamado paradigma tecnocrático, donde la eficiencia, el control y el beneficio se convierten en los criterios dominantes de decisión. En ese contexto, la tecnología deja de ser un medio y empieza a definir qué importa y qué se descarta. 

En el caso de la inteligencia artificial, esto se profundiza por la concentración del poder digital en quienes controlan los datos, las plataformas y la infraestructura. La economía digital no solo facilita actividades: también captura valor organizando la atención, las emociones y los comportamientos, compitiendo por tiempo mental y capacidad cognitiva. 

A esto se suma una dimensión frecuentemente invisibilizada: detrás de la aparente inmaterialidad de la IA existe una infraestructura profundamente material y humana, desde trabajadores de datos y moderadores de contenido hasta cadenas globales de suministro y consumo energético. 

Qué es y qué no es la inteligencia artificial 

La encíclica introduce además una distinción clave: la inteligencia artificial puede procesar información y generar resultados a gran escala, pero eso no equivale a inteligencia humana. La experiencia humana implica cuerpo, memoria, responsabilidad, afectos y juicio moral. El riesgo está en confundir simulación con comprensión. 

Este punto se vuelve especialmente relevante en el impacto sobre la democracia y la verdad pública. La producción masiva de contenido sintético debilita la base común de hechos sobre la cual se sostiene la deliberación democrática. En ese sentido, la verdad debe entenderse como un bien público que requiere protección institucional, educativa y cultural. 

Desde América Latina y el Caribe, estas tensiones adquieren un carácter aún más urgente. La región enfrenta el desafío de incorporar tecnologías avanzadas en contextos de desigualdad estructural y capacidades institucionales desiguales. 

La pregunta clave no es solo qué puede hacer la inteligencia artificial, sino cómo se gobierna y a quién beneficia. En ese marco, CAF impulsa una visión regional de la inteligencia artificial centrada en las personas, el fortalecimiento institucional y la reducción de brechas. Esto implica contribuir a que América Latina y el Caribe participe activamente en la definición de las reglas globales de la IA. 

En la próxima entrega se abordará cómo esta transformación tecnológica está impactando el mundo del trabajo: la relación entre automatización y empleo, la redefinición del valor del trabajo humano y los desafíos para la dignidad laboral en un contexto de aceleración tecnológica.